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JEREZ, PUEBLO MAGICO




El pueblo mágico de Jeréz, Zacatecas, no tienen ningún elemento artificial para ayudar a que resulte atractivo, TODO lo que ya contiene desde que se forjaron sus tradiciones lo han hecho mágico desde antes de que se implementara ese programa oficial de turismo.

La placidéz de la vida en su jardín central, los sombreros que usan sus hombres, la belleza de sus mujeres, ser la cuna del platillo estatal más típico, el asado de boda, ser actualmente la capital mundial del pinole, su sol, sus romanticas ventanas con barrotes, ser la plataforma para la poesía del gran López Velarde, el sitio cercano a la capital del Estado que ofrece una armonía de provincia y de antaño, en donde el tiempo pasa con lentitud en unas calles, y con apresurada modernidad en otras.

Junto a la tienda que vende sillas de montar, botas y correas, está un café internet.

A un lado de la farmacia de medicamentos similares con diarias ofertas expresadas en altavoces, está la panificadora que huele a lo mismo que cuando nuestros abuelos ya iban al pan de niños.

El centro de Jeréz estalla en sorpresas arquitectónicas, que demandan a las cámaras y a los camarógrafos estar atentos y con baterias bien cargadas.

El panteón local habla en muchas de sus tumbas de un estilo, una manera de despedir a los difuntos, un esfuerzo artístico para un adiós o un hasta luego.

Un lugar lleno de poesía, de sabores de antaño, de gran arquitectura, de cafeterías, tiendas de botas y sillas de montar, artesanías, calles asoleadas con ventanales de barrotes, una elegante alameda, un romántico jardín, unos escondidos arquitos, hermosas iglesias, deliciosos platillos comenzando por el asado de boda, rematando la comida con un postre llamado raspanieves, y ostentándose a sí misma como LA CAPITAL DEL PINOLE.

Un poblado que conserva mucho del añejo entorno que inspiró al poeta, y se mezcla con los numerosos capuchinos frappé que se beben en todos lados del lugar.

Cuando el sol cae aplomo la gente trabaja, y cuando el sol da una tregua y disminye su fuerza, la plaza, el jardín, los cafés, las calles, se ven invadidas por la gente amable y bella que habita en Jeréz, y acuden a dar alegría a lso espacios públicos, y mientras en las bancas y las calles las personas conviven de modo bastante agradable, en las arboledas de esosjardiens y plazas, las aves comentan y gritan las hazañas del día.

Jeréz se queda en los ojos, en la boca, en la memoria, en el corazón.

En eso radica la magia de Jeréz... y lo recuerdas en cada cucharada de pinole :-)